En estos tiempos, revolucionados, donde algunas metodologías, categorías y técnicas se ponen de ‘moda’ para entender las formas de vida humana inundan las vitrinas académicas de las exuberancias y superficialidades de la vida moderna mostrando uno u otro aspecto de las culturas según los mandamientos desarrollistas de turno.

En este escenario, cobran relevancia las ciencias sociales, disciplinas como la antropología, historia, sociología o filosofía, realizan análisis con giros epistemológicos los cuales ubican al ser humano como parte de un todo y no en la cúspide de una jerarquía imaginada, etiquetada, racializada, colonizada y estandarizada.

En este sentido, el conocimiento se construye desde lugares pequeños, diferentes y únicos, por ejemplo, el Programa de Antropología de la Universidad del Magdalena produce hace 26 años una antropología sui generis, caribeña y situada. Con más de 700 salidas de campo en el Caribe colombiano, conexiones, redes de trabajo y colaboraciones solidas de largo aliento, se convierten en elementos clave para pensarnos.

Nos hemos permitido describir una forma de vida particular con una historia fascinante y dolorosa proveniente de tres continentes África, Europa y Abya Yala, contacto que lleva más de 500 años del cual emergió, entre otros, lo que conocemos hoy como el Caribe de Colombia. Este encuentro, generó una convivencia de culturas que hasta las fechas se conservan y que se les ha dado un tratamiento desde diferentes enfoques: la multiculturalidad o pluriculturalidad. Todos desde una idea liberal y funcionalista.

En los últimos años el enfoque de interculturalidad presenta una interesante manera de abordar las realidades culturales diversas de los territorios del mundo. Autores como Catherine Walsh y Fidel Tubino, han planteado que la interculturalidad tiene dos caras, por un lado, la interculturalidad funcional para describir dispositivos que sirven para gestionar la diversidad desde un punto de vista declarativo e inclusivo que promueve la tolerancia, por otro, la interculturalidad crítica como un proyecto de transformación social político y epistémico, muy útil para descolonizar el pensamiento (Tubino, 2005; Walsh, 2009).

Es necesario promover el pensamiento propio crítico en las unidades académicas de las ciencias sociales, crear redes y grupos de trabajo para ampliar el conocimiento sobre nuestros territorios y comunidades desde proyectos colaborativos, trabajo de campo interdisciplinario, escritura colaborativa que vayan en contravía de las modas académicas.

Por: Hugo David Durán Gamarra

Antropólogo Universidad del Magdalena hdurang@unimagdalena.edu.co

Referencias

Walsh, C. (2009). Interculturalidad crítica y educación intercultural. Seminario Interculturalidad y Educación.

Tubino, F. (2005). La praxis de la interculturalidad en los estados nacionales latinoamericanos. Cuadernos interculturales, 3(5), 83-96.

 

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