La ponencia “El rol del profesor en el desarrollo de competencias emocionales ante los desafíos contemporáneos” se desarrolló a partir de una reflexión sobre los retos que enfrenta actualmente la educación ante la transformación tecnológica y las nuevas condiciones sociales en las que se desenvuelven los estudiantes. La propuesta se centró en analizar cómo estos cambios exigen ampliar la mirada sobre la función del profesor y reconocer la importancia de las competencias emocionales como parte fundamental de la formación integral. La reflexión inició con una pregunta orientadora: ¿estamos preparando estudiantes para el mundo que ya existe o para el mundo que está emergiendo? Esta pregunta permitió situar el análisis en un contexto caracterizado por la evolución acelerada de las tecnologías emergentes, la presión constante sobre los resultados del aprendizaje, las nuevas formas de relacionamiento mediadas por las redes sociales, los cambios en las metodologías y procesos, así como las dinámicas de competitividad y globalización. Estos elementos configuran un escenario educativo que demanda nuevas habilidades y formas de comprender el aprendizaje. La idea de un entorno caracterizado por cambios, incertidumbre y transformaciones permanentes se relacionó con los planteamientos de Bennett y Lemoine (2014).
En este contexto se planteó una idea central: “no basta con saber”. Actualmente, los estudiantes pueden buscar información, resolver problemas, utilizar diferentes tecnologías e incluso recurrir a herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, el conocimiento y las habilidades tecnológicas no garantizan por sí mismos la capacidad para afrontar adecuadamente las situaciones difíciles que forman parte de la experiencia educativa y de la vida cotidiana. Por ello, se propuso una distinción fundamental: saber no es lo mismo que saber gestionar. Ante situaciones como la frustración, el error, la crítica o el conflicto, resulta necesario preguntarse: ¿qué hace el estudiante con aquello que sabe cuando aparece una dificultad?
Esta reflexión permitió introducir el tema de las competencias emocionales, entendidas como un componente necesario para responder de manera adecuada a los desafíos contemporáneos. Desde los aportes de Bisquerra y Pérez (2007), se reconoció la existencia de diferentes dimensiones que integran las competencias emocionales y que contribuyen al desarrollo integral de las personas. Asimismo, se retomó el planteamiento de la UNESCO (2024), según el cual el aprendizaje socioemocional integra dimensiones cognitivas, sociales, emocionales y relacionales del aprendizaje, favoreciendo el bienestar de los estudiantes, su éxito académico y su capacidad para afrontar situaciones complejas. A partir de esta perspectiva, se planteó la necesidad de repensar el rol del profesor. El docente contemporáneo no puede limitar su función a la transmisión de conocimientos, especialmente en un contexto en el que los estudiantes tienen acceso permanente a múltiples fuentes de información y herramientas tecnológicas. Su papel se amplía hacia el diseño de experiencias de aprendizaje que sean emocionalmente significativas y que contribuyan a la formación integral de los estudiantes. En este sentido, se presentaron cinco roles del profesor contemporáneo. En primer lugar, el profesor como diseñador de experiencias emocionalmente significativas, reconociendo que toda experiencia de aprendizaje genera emociones y que estas pueden influir en la manera como los estudiantes participan y aprenden. En segundo lugar, como observador de las señales emocionales, capaz de identificar manifestaciones que puedan indicar dificultades o necesidades en los estudiantes.
En tercer lugar, se destacó el papel del profesor como mediador emocional, especialmente frente a los conflictos y las situaciones que requieren acompañamiento. En cuarto lugar, como modelo emocional, teniendo en cuenta que los estudiantes también aprenden a partir de la manera en que el docente actúa, responde ante las dificultades y gestiona sus propias emociones. Finalmente, se presentó al profesor como mediador entre tecnología y humanidad, con la responsabilidad de favorecer un uso consciente y responsable de las herramientas tecnológicas y de la inteligencia artificial, sin perder de vista las capacidades humanas que deben acompañar estos avances. Un aspecto transversal de la ponencia fue la idea de que el profesor también educa con lo que hace. La práctica docente constituye permanentemente un modelo para los estudiantes, no solamente a través de los contenidos que se enseñan, sino también mediante las formas de relacionarse, resolver dificultades, afrontar errores y responder ante diferentes situaciones. Por ello, el desarrollo de competencias emocionales en los estudiantes también implica una reflexión sobre las propias competencias emocionales del docente.
Finalmente, se abordó la relación entre tecnología y humanidad, destacando que no se trata de establecer una oposición entre ambas, sino de encontrar formas de articulación que permitan aprovechar las posibilidades de la innovación tecnológica sin descuidar el bienestar y el desarrollo humano. La incorporación de la inteligencia artificial y de otras tecnologías emergentes plantea, por tanto, nuevos desafíos para la educación y refuerza la necesidad de formar estudiantes capaces de utilizar estas herramientas de manera crítica, responsable y consciente.
La ponencia concluyó con una invitación a trasladar estas reflexiones a las prácticas cotidianas del aula. El desarrollo de competencias emocionales no debe entenderse como un elemento aislado del proceso educativo, sino como una dimensión que puede integrarse en las experiencias de aprendizaje, en las relaciones, en la resolución de conflictos y en la manera como se acompaña a los estudiantes frente al error, la frustración y las dificultades.
En síntesis, la ponencia destacó que los desafíos contemporáneos exigen una transformación del papel del profesor: de transmisor de conocimiento a diseñador de experiencias, mediador emocional y puente entre tecnología y humanidad. En un escenario educativo marcado por la innovación tecnológica, formar estudiantes no implica únicamente enseñarles a saber y a utilizar herramientas, sino también ayudarles a desarrollar los recursos emocionales necesarios para gestionar aquello que saben, relacionarse con los demás y afrontar de manera adecuada los desafíos de un mundo en permanente transformación.
Ponente: Kadry Liceth García Mendoza
Universidad de la Costa