El diseñador educativo conversacional como respuesta a la desconexión sistémica de la universidad
Mauricio Arrieta Fontanilla,
Universidad del Magdalena (Santa Marta, Colombia)
01. La única conexión que sí notamos
Cuando se cae el wifi, la universidad se detiene en segundos. No hay correo, no hay documentos compartidos, desaparece el LMS y con él las clases, las entregas y las notas. Todo el mundo lo nota, todo el mundo protesta y alguien lo repara esa misma mañana.
Esta ponencia arranca desde ese contraste. Existe otro tipo de conexión, invisible y mucho más determinante, que lleva siglos caída y frente a la cual nadie levanta un ticket de soporte. No es una conexión de red: es la conexión de sentido entre docentes, cursos, saberes, estudiantes y territorio. Su caída no produce un aviso en pantalla. Produce graduados.
02. Lo contrario de una conexión inteligente
Antes de hablar de conexiones inteligentes conviene nombrar con precisión su opuesto, porque es lo que tenemos hoy en cantidades alarmantes. Y el opuesto no es la desconexión entendida como ausencia: es algo bastante más difícil de ver, la conexión tonta. Vínculos que existen, que están documentados, que aparecen en los diagramas oficiales y que no transportan absolutamente nada.
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TIPO DE CONEXIÓN TONTA |
QUÉ CONECTA REALMENTE |
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Administrativa |
El prerrequisito, el código, el crédito, el semestre. Une casillas, no ideas. |
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Cronológica |
Esto va después de aquello y se asume que del orden nace la articulación. La secuencia no articula nada por sí sola. |
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Nominal |
El nombre del curso promete una relación que nadie sostiene en la práctica. |
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Declarativa |
La conexión existe en el documento maestro, en el proyecto educativo y en los resultados de aprendizaje. Existe en el papel, no en la experiencia del estudiante. |
El emblema de todo esto tiene un nombre que ya lo confiesa: la malla curricular. Una malla se define por sus nudos. La nuestra tiene casillas y flechas, pero en los nudos no se encuentra nadie. Una malla sin nudos no es una malla: es una lista puesta en columnas.
El cuerpo como advertencia
La biología ofrece la analogía más exacta. Un organismo no colapsa por falta de órganos, colapsa cuando los órganos dejan de hablarse. Una obstrucción intestinal no elimina el intestino: el conducto sigue completo, anatómicamente perfecto, y aun así nada pasa y el paciente entra en riesgo vital en horas. Una lesión medular no destruye las piernas, destruye la conversación entre el cerebro y las piernas.
Y hay un detalle clínico que debería quitarnos el sueño. En una falla multiorgánica cada órgano puede seguir marcando cifras aceptables en su propio monitor mientras el paciente se muere. Eso es exactamente una universidad: cada curso aprueba su autoevaluación, cada docente saca buena calificación, cada programa renueva su registro, y la experiencia educativa completa, la del ser humano que la atraviesa durante cinco años, está averiada.
03. El inventario: la vaca loca educativa
Para hacer visible esa avería trabajamos un experimento en video que llamamos «la vaca loca educativa». Documenta lo que ocurre cuando se le pregunta a los docentes de una misma secuencia (curso 1, curso 2, curso 3) por el trabajo de sus colegas inmediatos. No se saben ni el nombre. Y si no saben el nombre, tampoco conocen las metodologías, ni las evaluaciones, ni los proyectos, ni lo que el estudiante ya sabe hacer cuando llega a su aula.
Esa es apenas la primera desconexión, y no alcanza el tiempo para recorrerlas todas. El inventario incluye al menos:
– los docentes de una misma secuencia de cursos, entre sí
– la teoría y la práctica (esta la dejo a interpretación del auditorio)
– los estudiantes, entre sí
– los tipos de aprendizaje del Marco Conversacional de Aprendizajes, desconectados o directamente ausentes
– el ser, el saber y el hacer
– el aula y el territorio
– la universidad y el sector productivo
Que esto lleve quinientos años funcionando así no lo vuelve normal: lo vuelve crónico. Al principio el arreglo tenía sentido porque no había tanto conocimiento acumulado: las primeras universidades organizaban el trivium y el quadrivium en siete cursos, y siete cosas se conectan solas en la cabeza de cualquiera. Hoy un programa tiene cincuenta. Cincuenta piezas no se conectan solas. Nunca se han conectado solas.
04. Por qué una capacitación no lo arregla
De ahí la pregunta incómoda: ¿una capacitación en inteligencia artificial resuelve esto? ¿Un diplomado en resultados de aprendizaje resuelve esto? Ayudan, y hay que hacerlos. Pero atienden síntomas de un cuadro sistémico y crónico.
Peor aún: buena parte de esas iniciativas agravan el problema, porque responden a cada desconexión agregando contenido. ¿Falta pensamiento crítico? Un curso de pensamiento crítico. ¿Falta ética? Un curso de ética. ¿Falta inteligencia artificial? Una capacitación en inteligencia artificial. La malla engorda, la conexión no aparece y el estudiante recibe una pieza más para conectar por su cuenta.
Cuando empecé mi labor como docente me recibieron con una metáfora que no he podido soltar: la universidad es un avión averiado en pleno vuelo. No está en tierra, no está en un hangar, no se puede detener. Hay que repararla en el aire.
05. La trampa del contenido
Si esta charla deja una sola lectura obligada, es «La trampa del contenido», de Bharat Anand, profesor de estrategia de Harvard Business School. Anand estudia organizaciones que hicieron todo bien en materia de contenido y aun así perdieron: se concentraron en el producto y descuidaron lo que de verdad crea valor, las conexiones. Distingue tres (entre usuarios, entre productos y entre las decisiones internas de la organización) y muestra que la ventaja vive ahí y no en la calidad aislada de cada pieza. No es casual que el libro cierre analizando la educación superior.
La traducción al aula es directa: conexiones entre estudiantes, conexiones entre cursos y experiencias, y conexiones entre las decisiones que tomamos como institución. La universidad está atrapada en la trampa del contenido. Discutimos temarios cuando deberíamos estar diseñando conexiones.
06. La figura que falta: el diseñador educativo conversacional
¿Y quién conecta? Esa es la propuesta central de la ponencia, y es el aporte más disruptivo que las humanidades pueden hacer hoy al diseño educativo y al uso de tecnología en la universidad: la figura del diseñador educativo.
Hoy prácticamente no existe, y una comparación ayuda a medir lo que eso significa. Una ciudad con arquitectos tiene plazas, luz, recorridos y lugares donde vale la pena estar (Medellín es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando alguien diseña pensando en la gente). Una ciudad sin arquitectos tiene construcción, mucha construcción, y ningún lugar. Nuestros programas académicos están llenos de construcción. Casi ninguno tiene arquitecto.
El diseñador educativo conversacional no es quien monta contenidos en el LMS ni quien resuelve la tecnología. Es quien diseña las conversaciones que hacen falta: entre docentes de cursos vecinos, entre la teoría y la práctica, entre estudiantes, entre el programa y su territorio, entre el ser, el saber y el hacer. Su producto no es un contenido: es un sistema que conecta.
En el Centro Innova ya operamos con prototipos vivos de esa figura, acompañando procesos de rediseño en programas tan distintos como ingeniería civil y odontología. Falta el paso grande y es el que venimos a proponer: consolidarla como profesión en Latinoamérica y en el ámbito de habla hispana, con formación, criterios compartidos y comunidad propia.
07. Invitación
La ponencia cierra con un ejercicio y no con una conclusión. Invitamos a cada facultad a levantar su propio inventario de desconexiones: enumerar lo que en sus procesos educativos está separado, lleva años separado y parece normal. Después, elegir una sola de esas desconexiones y codiseñar la conversación que la cierre, con los actores que hagan falta.
No hace falta el sistema completo. Hace falta el primer nodo.
REFERENCIAS
Anand, B. (2016). The content trap: a strategist’s guide to digital change. Random House. (Edición en español: La trampa del contenido).
Arrieta, M., Maestre, M., Villegas, E., y Aguas, R. (2024). Menos conferencias, más experiencias: diseño educativo conversacional. Editorial Unimagdalena.